![]() |
|
Spaces home Everybody goes to Rick's...PhotosProfileFriendsMore ![]() | ![]() |
Everybody goes to Rick's... |
|||||
¿Cómo, cómo fue?Siempre es agradable trabajar en aquello que te gusta, para lo que te has preparado a conciencia. Y aunque a veces esa preparación cueste más de lo necesario, aunque una vez tras otra vengan esas piedras / pedruscos/ en el camino, te encuentres con exámenes y notas inexplicables y momentos que te hacen estar a punto de tirar la toalla, ciertos momentos del trabajo hacen que todo eso se olvide. Porque entrevistas a Ian Gibson son cosas que sólo se hacen un par de veces en la vida. O a García Montero. O a Bernier. O poder escribir libremente sobre un tema que te ha apasionado desde pequeña. Desde aquella vez que Don Jesús, ya en 2º de la ESO, propuso hacer un trabajo sobre García Lorca. Lo recuerdo nítidamente. Fue un curso tan intenso, desde el punto de vista de la literatura, que me parece que hubieran sido dos años. Fue el curso en el que descubrí los Alatristes. En el que Don Jesús insistió en que me leyese los tres primeros libros de una sentada y le hiciese un trabajo. Y yo me enamoré de Gualterio Malatesta para los restos. Y fue el año en el que caí rendida a los pies de Federico. El año en que descubrí las grandes tragedias lorquianas y ese pasaje de Mariana Pineda (escena IX de la Estampa Segunda) que aprendí de carrerilla. El año en que tuvimos que hacer un caligrama y yo elegí el poema de reyerta de las navajas de Albacete... Y como colofón de todo el año acompañados por el poeta, cada grupo tuvo que montar un pequeño teatro inspirado en las obras lorquianas. Fue cuando nos salió la vena asesina y matamos en la segunda línea al personaje de la chavala que no hacía nada en el grupo. Aunque luego cambiamos el infarto mortal por una convalecencia permanente en toda la obra. Y yo descubrí que mi carrera como actriz acababa en el momento en el que me quitaba la corbata de Luis, ese peluquero gay que se casaba con la hija del muerto/señorito andaluz. Y es que mi relación con García Lorca siempre ha sido muy intensa. La mire por donde la mire. Porque antes de amarlo gracias a ese gran año con D. Jesús, lo odié durante muchos años, con D. Antonio, cuando nos tuvo representando la Baladilla de los tres ríos durante seis años. Fue una experiencia tan frustrante que es una de las cosas que más recuerdo del colegio. Incluso podría nombrar a todos los compañeros que me acompañaron en el "tormento"... //nos hacemos mayores...// Sin embargo, una vez te sumerges en el universo lorquiano es algo tan intenso que no se puede liberar. Y es una pena la desgracia de su muerte, aparte de por el hecho en sí, por el uso que se ha hecho posteriormente. Porque hay quien duda de su grandeza poética e insiste en que toda su valoración se basa en el uso político de su figura. No niego que ayudase a ello. No niego que tal vez, su figura sea más conocida por su asesinato. Pero hubo otros muertos en la Guerra Civil. De ambos bandos. Hubo muchos poetas asesinados, dramaturgos... también sentidos en el momento. Y no tan geniales como Lorca. La simbología de su poesía, la angustia constante de su muerte, su personalidad, que se filtra letra a letra, palabra a palabra, golpe a golpe, que diría Machado... es inexplicable. Es una obsesión. Es la necesidad de saber cómo fue. Qué vivía, qué pensaba. Qué sentía... Tal vez por eso cada 18 de agosto hago caso a su plegaria. Y dejo el balcón abierto. Igual que pidió Federico quince años antes de su muerte. Para sentir al poeta un poco más cerca. Anochecer...¿Y todavía tienes la osadía de preguntar por qué adoro Sevilla? IlusiónCuando haces lo que te gusta, la semana apenas se nota. Los días pasan, el estrés te come, pero no importa. Porque las cosas, sin que logres explicarte como, salen adelante. Incluso si es un día como el viernes, cuando no funcionaban ni los teléfonos, ni el ordenador, ni los móviles... cuando todo era un caos tan grande que pareció un milagro que llegasen las dos de la tarde y el programa hubiese salido bien. Tan sólo ha sido una semana, pero me ha ayudado a reflexionar. Porque la radio es tan mágica que te atrapa y te envuelve. Y no te importa que haya mil cosas que hacer, ni que los imprevistos vengan uno tras otro. Ni siquiera madrugar. Porque cada día que suena el despertador es un nuevo día, una nueva oportunidad para enfrentarte a ese micrófono rojo y tratar de hacerlo lo mejor posible. Y cada mañana se repite la misma rutina que, sin saber por qué, no se hace monótona. Noticias - escaleta - llamadas - agenda - llamadas - en el aire - las órdenes de Ana Mª - las palabras en directo - más llamadas - los chistes de Sergio - los imprevistos del teléfono - la improvisación - los mensajes de los oyentes... Porque oportunidades como estas, tienen que aprovecharse. Aunque sólo sea para saborear con más ganas el gesto de quitarse los zapatos el viernes por la noche. Porque esas pequeñas cosas de la vida son las que de verdad nos indican que estamos vivos. Que sentimos. Que somos algo. ImprovisaciónDecía Shakespeare que "las improvisaciones son mejores cuando se las prepara". Pero también dicen que las mejores cosas de la vida te vienen sin esperarlas. Que cuanto más planificas algo, antes se tuerce. Y cuantas más vueltas se le da a las cosas, más complicaciones surgen. Pero no consigo dejar de lado esa cuadrícula en la que organizar la vida. Pese a que detesto encerrarme en las líneas de la vida y me niego a creer que todo esté escrito de antemano. Pese a que no comprenda a la gente que se afana en dejarlo todo cerrado de antenamo. Y sin embargo, así estaba hace unos días, haciendo cábalas, sumando cifras, mirando qué futuro era el mejor para escoger. Y de pronto me encontré con que las ganas de doctorado se iban al traste porque el departamento eliminaba la docencia. Pero encontré otra solución (provisional aún) y decidí seguir adelante con el doctorado. Y con el periódico. Y además, una radio. Y luego una colaboración en otra. Y fríamente descubrí que no soy Wonder Woman, ni siquiera Zatanna y que la magia sólo está en las historias de Michael Ende y Tolkien o en los cómics de D.C. - aunque yo sea más de Marvel -, por mucho que algún amigo insista en que sí. Que puedo con todo. Al final, las cosas surgen solas, de la nada y nos ponen en una encrucijada de la que es difícil salir. Es en ese momento cuando descubres que un ocho y un cuatro no sirven para aprobar y que un viaje de siete horas (ida y vuelta, en menos de 12 horas) no hace milagros con las notas. Pero sí puede haber un poquito de futuro en apenas diez minutos de radio que te abren las puertas a un mes completo en unas prácticas - sin pagar, obviamente, porque es lo que tienen las prácticas, aunque a cierta persona le cabree la política esa de "tú me haces el trabajo de un redactor normal pero sin cobrar porque estás aprendiendo aunque ya lo sepas hacer" - que ofrecen eso que había querido hacer desde un primer momento. Pero por planificar... no haces. Al final dejo una, tomo otra y mantengo lo de siempre. ¿Por qué? Ni yo lo sé. Tal vez porque Sevilla es una ciudad que se hace difícil dejar. Porque sé lo que me voy a encontrar en ese mes de radio y que es una radio fresca, con una compañera genial - dos años en clase, un crucero, algún que otro partido de fútbol y un dolor de muelas aliviado a base de sangría han sido más que suficientes para encontrar una amistad de las que se juran para siempre - y haciendo algo que me gusta. Que de verdad me gusta. O quizás porque, como dijo Reverte, "nadie puede inventarse una ciudad como Sevilla", y me enamoré de la Giralda cuando la vi aparecer desde la Calle Conteros. O del rincón del parque Maria Luisa donde Becquer observa a los gatos que acuden a contarle sus penas. Porque eché raíces demasiado pronto en una ciudad que me acogió cinco años y de la que no me No hay tiempoExámenes, discurso, graduación, trabajo, más trabajo, más exámenes... Eurocopa, celebraciones, más exámenes, últimos detalles de la graduación... no hay tiempo más que para leer microrrelatos. Quizás más intensos que las novelas largas llenas de cafeína... -Era la mujer más hermosa de la tierra – gemía el viudo. -Yo diría que la más sabrosa – reflexionó el gusano. Hellen Ferrero Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta. Julio Cortázar
|
|||||
|
|